Tortura, reclutamiento forzoso, trabajo infantil, extracción salvaje de minerales críticos. En Myanmar, las violaciones cometidas contra los civiles se combinan con una economía depredadora que contribuye a alimentar el conflicto. En un nuevo informe, la ONU describe un país donde el colapso del Estado de derecho expone a las minorías, especialmente a los rohinyás, a una violencia cada vez más sistemática.
El mundo invierte menos de una cuarta parte de lo necesario para recuperar las tierras degradadas, mientras el costo de no actuar se asciende a 878.000 millones anuales. Una tierra sana no es un lujo ambiental, es capital productivo: el suelo, las cuencas hidrográficas y los pastizales forman parte de la infraestructura productiva de los países.
El hambre y los conflictos armados se alimentan mutuamente en un "círculo vicioso". Pero ahora las guerras están desbordando su radio de acción y lo que ocurre en una región puede afectar a todo el mundo con el encarecimiento de los precios.
La epidemia de ébola en la República Democrática del Congo suma ya 5514 casos confirmados y 2642 muertes. Los equipos médicos necesitan llegar a las poblaciones afectadas. El desafío hoy no reside en los conocimientos o las herramientas, sino en el acceso a las comunidades. "Cuando logramos llegar, detenemos la transmisión”, asegura un médico de la agencia de la salud.
Los sistemas de armas autónomas están avanzando más rápido que las reglas para regularlos. La ONU y el Comité Internacional de la Cruz Roja advierten que el mundo se acerca a una “línea roja moral” y piden que este año comiencen las negociaciones de prohibiciones y restricciones legalmente vinculantes.
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