Cuando llegó el momento de comenzar la secundaria, su madre tuvo miedo de que se marchara y volviera embarazada, en lugar de regresar con un diploma.
Pero su abuelo la convenció de que la dejara intentarlo. Y su madre terminó diciéndole algo que Marta todavía recuerda:
“Está bien, aunque tengamos que comer tortillas con sal, yo te voy a apoyar”.
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