Una de nuestras tiendas de emergencia en Kiev, en Ucrania. Estas tiendas suelen ser el único sitio donde la gente puede entrar en calor.
Cuando el invierno llega a lugares donde las condiciones de vida son ya muy difíciles, como Ucrania, Pakistán o los campamentos superpoblados de Gaza, el frío se convierte en un asesino silencioso.
Hablamos de contextos en los que es frecuente sufrir un acceso limitado a servicios esenciales como la electricidad, el agua corriente o la calefacción. Además, las familias viven en casas semidestruidas o en tiendas de campaña expuestas a la lluvia, el viento y la nieve.
En esas condiciones, las enfermedades infecciosas se propagan con rapidez y empeoran las condiciones de salud de las personas heridas, las que sufren enfermedades crónicas y los niños y las niñas con desnutrición. Ahora bien, gracias a donativos como el tuyo, nuestros equipos están tratando a un gran número de pacientes con hipotermia, enfermedades respiratorias y heridas infectadas.
En Ucrania, con 20 grados bajo cero, hay apagones a gran escala en las regiones de Dnipropetrovsk y Zaporiyia, debido a los ataques rusos contra las infraestructuras energéticas del país. Sin poder entrar en calor y con una exposición prolongada al frío, las personas mayores y los pacientes crónicos tienen más dificultades para controlar sus niveles de azúcar en sangre y su presión arterial, y las personas con discapacidad que no pueden moverse son más vulnerables a la hipotermia.
Por otro lado, los afganos refugiados en Pakistán están sufriendo una crisis humanitaria. Viven en campos sin apenas atención sanitaria ni medios de supervivencia, y con temperaturas extremas. El miedo a ser arrestados y detenidos debido a una política de deportaciones masivas ha impedido que muchos busquen atención médica. Desde Médicos Sin Fronteras estamos ofreciendo servicios de maternidad, repartiendo kits para el invierno y tratando los casos de hipotermia y sarampión, entre otras cosas.
En Gaza, la población se enfrenta a un tercer invierno de guerra con temperaturas gélidas, lluvias torrenciales y fuertes vientos. El agua se ha filtrado por debajo de las tiendas de campaña y lo ha inundado todo. Nuestros equipos están tratando infecciones respiratorias, complicaciones de heridas, enfermedades de la piel y a bebés que sufren frío extremo.
Como ves, los retos son enormes. Aun así, en Ucrania, Gaza, Pakistán y muchos otros contextos en los que las necesidades no pueden esperar, seguimos proporcionando atención médico-humanitaria vital, incluso en las circunstancias más difíciles.
Para continuar afrontando los efectos del duro invierno, allí donde haga falta, te necesitamos.
La «industria de las estafas» ha crecido hasta alcanzar «proporciones industriales». Cientos de miles de personas son obligadas a trabajar como estafadores en centros dirigidos por organizaciones criminales en el sudeste asiático, que castigan a quienes no consiguen los objetivos marcados.
Las mujeres son la espina dorsal de la ayuda humanitaria, pero los recortes en la ayuda exterior las perjudican de forma desproporcionada, amenazando el bienestar de todo el país y la estabilidad del sistema humanitario.
La violencia de las pandillas golpea con fuerza a los niños en Haití. Las bandas expulsan a las familias y cortan el acceso a escuelas y servicios básicos, dejando a los menores de edad más expuestos al reclutamiento.
Cientos de miles de personas son obligadas a trabajar como estafadores en centros dirigidos por organizaciones criminales en el sudeste asiático, que torturan a quienes no consiguen los objetivos marcados. Las bandas armadas en Haití utilizan a niños para vigilar, cobrar extorsiones e incluso participar en asesinatos. En Somalia, millones de personas están al borde de una hambruna. Las mujeres, que llevan el peso de la ayuda humanitaria en Ucrania, ven recortada la ayuda financiera que reciben sus organizaciones.