Sin embargo, alerta de que miles de colombianos, en su mayoría exmilitares, estarían participando en conflictos armados en el extranjero atraídos por altos salarios y la falta de oportunidades laborales en el país.
Sabes que, cuando estalla una emergencia, un niño o niña no pierde solo su hogar. Pierde su rutina, su sensación de seguridad... y, muchas veces, algo esencial: su infancia.
Hoy, en lugares como Líbano y otros puntos de Oriente Medio, millones de niños y niñas crecen rodeados de incertidumbre. Pero incluso allí, en mitad de todo, existen pequeños espacios donde algo cambia.
Nuestra compañera Yara, en el vídeo de arriba, nos habla desde uno de los refugios colectivos donde trabajamos desde el inicio de la guerra. Allí, además de distribuir ayuda humanitaria, hemos creado algo fundamental: espacios seguros para la infancia. Lugares donde los niños y niñas pueden dibujar, jugar y compartir... y, por un rato, volver a sentirse a salvo.
Porque lo que Yara nos cuenta en el vídeo no ocurre solo una vez.
Cada día, los niños y niñas vuelven a ese mismo espacio. Buscan ese rincón donde pueden reír y olvidarse por un rato del ruido, del miedo y de lo que han tenido que dejar atrás. Y mientras eso pasa, sus madres y padres respiran un poco más tranquilos al verles así: seguros, acompañados, siendo niños otra vez.
Pero para que podamos preparar espacios seguros cada vez que estalla una emergencia, necesitamos algo más. Una respuesta sostenida.
Proteger a la infancia no es solo cubrir lo urgente. Es también cuidar lo que no se ve: el miedo, la ansiedad, las heridas que deja la guerra. Y eso requiere tiempo, continuidad y apoyo constante.
Hacerse socio o socia de Save the Children nos permite que estos espacios no desaparezcan. Que sigan ahí cuando se pierde el foco mediático. Que podamos acompañar a cada niño y niña, y a cada familia, el tiempo que necesiten para recuperar su bienestar y estabilidad.