Un año después del supuesto alto el fuego en la Franja de Gaza, las fuerzas y las autoridades israelíes continúan matando, hiriendo, desplazando y privando de ayuda básica a la población palestina. Esto no es un alto el fuego.
Un alto el fuego debería significar que nuestras salas de urgencias dejan de llenarse de personas heridas a causa de explosiones, fragmentos de metralla, traumatismos y disparos. Pero desde el 10 de octubre de 2025, el día en que se anunció este alto el fuego ficticio, 1.422 palestinas y palestinos han sido asesinados y 4.996 han resultado heridos*. Entre las personas fallecidas, 300 son niñas y niños.
Llevamos viendo las trágicas consecuencias médico-humanitarias de esta violencia genocida desde octubre de 2023. Durante este tiempo, hemos tratado a personas con lesiones graves que pueden dejarles secuelas de por vida, así como a pacientes con desnutrición, enfermedades crónicas y un deterioro cada vez mayor de su salud física y mental. Las necesidades son enormes y las consecuencias de estos años marcarán a generaciones.
Han sido tres años en los que el Gobierno de Israel no ha cesado de asfixiar las condiciones necesarias para sobrevivir. La Franja de Gaza está devastada y su sistema sanitario, desmantelado. El bloqueo y las restricciones a la ayuda humanitaria y al reparto de agua, suministros y combustible impiden realizar reparaciones y recuperar servicios esenciales.
Además, el desplazamiento forzado y la expulsión de la población palestina no se limitan a Gaza. También en Cisjordania y Jerusalén Este las autoridades israelíes están llevando a cabo una estrategia de limpieza étnica. Esto se traduce en demoliciones de edificios, restricciones a la circulación, violencia ejercida por los colonos y una intensificación de las incursiones militares; se han contabilizado más de 900 obstáculos a la movilidad.
A pesar de todo, seguimos allí prestando atención médica y dando testimonio de lo que ocurre. Pero necesitamos tu ayuda para continuar. Tu apoyo económico nos permite sostener nuestra acción médico-humanitaria y seguir denunciando una realidad que no ha mejorado en absoluto. Haz hoy tu donativo y ayúdanos a seguir atendiendo a la población que está sufriendo este conflicto armado.
Sobrevivir a una emergencia no significa que el sufrimiento haya terminado.
Han pasado más de 100 días del doble terremoto en Venezuela y, a medida que los días avanzan, las necesidades de atención en salud mental se hacen más evidentes en los refugios y las comunidades, donde el dolor de la pérdida convive con la organización y el apoyo mutuo.
«Cuando ocurrió el terremoto, mis hijos estaban arriba, en el piso, y yo abajo. Entré en estado de shock. No recuerdo nada, lo único que hacía era gritar “mis hijos, mis hijos”», cuenta Sheryl. «No duermo bien. Pasa mucha gente por la calle y, como estoy atenta para que no nos roben, incluso salimos a las 3 de la madrugada cuando oímos un ruido. Cualquier ruido me asusta. Mi hijo pequeño es el más afectado; se despierta al amanecer y dice que tiene miedo todos los días. No estoy preparada para volver a mi casa; me siento más segura aquí, aunque la inseguridad me asusta».
Sheryl comparte la tienda con sus cuatro hijos y su marido. Ante la inseguridad nocturna, la hipervigilancia y la pérdida de su pequeño negocio, buscó ayuda psicológica por primera vez en su vida en una tienda de Médicos Sin Fronteras.
Esta situación sostenida en el tiempo ha transformado el impacto emocional inicial en cuadros persistentes de ansiedad, alteraciones del sueño, síntomas físicos relacionados con el estrés, sentimientos de desesperanza y un agotamiento generalizado que afecta tanto a las personas como a comunidades enteras.
"Lo que observamos hoy no es únicamente el efecto de un evento traumático aislado, sino el impacto acumulado de vivir durante meses en condiciones de incertidumbre. Muchas personas llegan a mi consulta con dolores musculares, cefaleas recurrentes, problemas gastrointestinales o insomnio, síntomas que con frecuencia reflejan un importante sufrimiento emocional y psicológico".
Milagritos Valderrama, coordinadora médica en Venezuela.
Por eso, Médicos Sin Fronteras ofrecemos atención médica y psicológica a personas afectadas por conflictos, catástrofes y otras crisis humanitarias.
En Venezuela, hemos acompañado a más de 8.100 personas con actividades de salud mental tras los terremotos a través de consultas individuales, espacios grupales de psicoeducación y sesiones de primeros auxilios psicológicos.
Dar apoyo psicológico es vital en nuestra respuesta médico-humanitaria
Lo hacemos escuchando, enseñando herramientas de afrontamiento y creando espacios seguros donde las personas puedan recuperar la calma… y la esperanza.
Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, celebrado el 10 de octubre, reconocemos el trabajo de quienes brindan este apoyo vital en nuestras operaciones: profesionales que acompañan con respeto, cercanía y sensibilidad.
Con cada sesión, con cada conversación, con cada pequeño avance ayudamos a que las experiencias traumáticas no definan la vida de las personas. Porque sanar, a veces, también es volver a dormir una noche entera, dejar de temblar al oír un ruido fuerte o simplemente volver a sentirse en paz.
Gracias por estar a nuestro lado y recuerda que cualquier aportación cuenta, porque con tu apoyo conseguimos mucho.
Nuestra intervención en salud mental en los 100 días posteriores al terremoto.
Para dar respuesta a esta crisis humanitaria, y acompañar el proceso de recuperación en Caracas y La Guaira, implementamos una red de apoyo psicológico que incluye la apertura de 4 puntos exclusivos de atención en salud mental y la integración de este servicio en las consultas de atención primaria.
Alcanzamos a 8.147 personas a través de consultas individuales, espacios grupales de psicoeducación y sesiones de primeros auxilios psicológicos.
¿Te imaginas lo que significa vivir bajo el terror de las bombas y las balas, sin alimentos, medicamentos ni agua potable?
Así viven millones de personas en Sudán desde que estalló la guerra en abril de 2023, lo que ha desembocado en la mayor crisis humanitaria del planeta.
Sin embargo, a pesar de esta terrible situación, la guerra en Sudán se ve aún más agravada por una preocupante inacción global, que deja a la población abandonada a su suerte, con necesidades inmensas y a la espera de ayuda humanitaria urgente.
Para poner el foco en esta realidad, te invitamos a 'Esperanza a la fuerza’, una experiencia inmersiva para acercar la realidad actual de Sudán, combinando cultura, arte y testimonio humanitario. A través de un recorrido expositivo y una experiencia de realidad virtual, podrás conocer la historia personal de Mohammed Dafallah, que se vio obligado a huir de Darfur y hoy trabaja como técnico anestesista con Médicos Sin Fronteras en un campo de personas refugiadas en Chad.
Su testimonio, junto con el uso de ilustración 3D, vídeo 360º y colaboraciones artísticas sudanesas, ofrece una perspectiva cercana y profundamente humana sobre una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo.