Sergio Bonati

 
 
 

Hora del Planeta: la fuerza social

 
 
 

Sergio Bonati, experto en sostenibilidad, cambio climático y política energética, actualmente responsable del programa de emergencia climática de WWF España.

 
 
 
 

En 2007, en la ciudad australiana de Sidney, nació una iniciativa sencilla pero poderosa: apagar las luces durante una hora para llamar la atención sobre el cambio climático. Aquella primera Hora del Planeta, impulsada por WWF, buscaba transmitir un mensaje claro: la crisis climática ya era una realidad y requería una respuesta colectiva. Lo que comenzó como un gesto simbólico en una ciudad se ha convertido, casi dos décadas después, en el mayor movimiento global para combatir el cambio climático y proteger la naturaleza. Cada año, millones de personas, ciudades, empresas e instituciones participan apagando sus luces durante una hora para recordar que la movilización social puede impulsar cambios reales.

 
 
 
 

“Cada año, millones de personas, ciudades, empresas e instituciones participan apagando sus luces durante una hora para recordar que la movilización social puede impulsar cambios reales.

 
 
 
 
 

En 2026 se cumplen veinte años de aquella primera edición. Durante este tiempo, la campaña ha evolucionado hasta convertirse en una iniciativa internacional que busca visibilizar la urgencia de la crisis climática y promover transformaciones en la forma en que producimos, consumimos y nos relacionamos con la naturaleza. El apagón simbólico es solo el punto de partida: el objetivo es generar conciencia social y, a partir de ahí, impulsar cambios en políticas públicas, modelos económicos y hábitos cotidianos.

 
 
  
 
 

La necesidad de actuar es evidente. El cambio climático ya afecta a todo el planeta y España, por su posición en la región mediterránea, es especialmente vulnerable. En los últimos años se han intensificado fenómenos extremos como incendios forestales, sequías prolongadas o lluvias torrenciales que han provocado graves impactos sociales, económicos y ambientales. Estos acontecimientos recuerdan que la crisis climática no es una amenaza futura, sino una realidad que ya condiciona nuestras vidas.

 
 
 

Hacia un nuevo modelo más sostenible

 
 
 

En estas dos décadas también se han producido avances importantes. La acción colectiva y una mayor conciencia social han impulsado políticas públicas, innovación tecnológica y cambios en la forma de producir energía o gestionar los recursos. La expansión de las energías renovables, la mejora de la eficiencia energética en edificios o el desarrollo de nuevas formas de movilidad menos contaminantes muestran que es posible avanzar hacia un modelo económico con menos emisiones. También han crecido las iniciativas para reducir los plásticos de un solo uso, mejorar la calidad del aire en las ciudades o restaurar ecosistemas degradados.

 
 
 
 
 

“Nuevas formas de movilidad menos contaminantes muestran que es posible avanzar hacia un modelo económico con menos emisiones.”

 
 
 
 

Sin embargo, la transformación necesaria no depende solo de gobiernos o empresas. Las decisiones cotidianas de millones de personas también influyen en la presión que ejercemos sobre el planeta. La forma en que nos desplazamos, consumimos energía o elegimos nuestros alimentos tiene efectos acumulativos que pueden contribuir a reducir las emisiones y proteger la naturaleza.

 
 
 

Los cambios sencillos marcan la diferencia

 
 
 

Apostar por el transporte público, caminar o usar la bicicleta siempre que sea posible reduce la contaminación y mejora la calidad del aire urbano. Ajustar el termostato en casa, mejorar el aislamiento o utilizar electrodomésticos eficientes ayuda a disminuir el consumo energético. También es importante evitar el desperdicio de alimentos, planificar la compra y priorizar productos locales y de temporada, cuya producción suele implicar menos transporte y emisiones.
 
Otro gesto cotidiano es reducir los residuos. Utilizar botellas reutilizables, bolsas de tela o envases retornables evita el consumo innecesario de plásticos de un solo uso. Asimismo, separar correctamente los residuos y apostar por productos duraderos o reparables contribuye además a avanzar hacia una economía más circular. Incluso pequeñas acciones, como apagar completamente los aparatos eléctricos que no se están utilizando o moderar el consumo de agua, tienen un efecto positivo cuando la sociedad las incorpora a su rutina.

 
 
  
 
 

La Hora del Planeta invita a dar ese paso. Apagar la luz durante una hora es un gesto simbólico que recuerda algo fundamental: cuando la sociedad se moviliza y escucha a la ciencia, el cambio es posible. Veinte años después de su primera edición, el mensaje sigue siendo el mismo: cada pequeña acción suma y, cuando millones de personas actúan al mismo tiempo, el impacto es enorme.

 
 
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