La paz se tiene que coser, puntada a puntada. Con esa idea, una lideresa social Katerine Avella creo un pequeño taller de costura en el Catatumbo. Con ayuda de una víctima del conflicto armado, y el apoyo de varias organizaciones, confeccionó unas famosas faldas envolventes de su marca Ixora que llegaron a desfilar por pasarelas de alta costura. Pero la violencia regresó a la región y ahora trata de mantener a flote su proyecto, pese a los desafíos.
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