Soy Paula Gil, presidenta de Médicos Sin Fronteras. Quiero agradecerte tu apoyo, porque 2025 ha sido un año especialmente duro. 2026 se presenta lleno de desafíos y tu apoyo sigue siendo clave, este mensaje no llega para contarte otra emergencia o una nueva crisis humanitaria.
Hoy te escribo para compartir contigo tres buenas noticias. Estas historias tienen nombres propios y me gustaría presentarte ahora a sus protagonistas.
¿Ves al pequeño de la foto? Se llama Usman y es de Kano, en Nigeria. Con solo 13 meses, gateaba y ya empezaba a ponerse de pie. Pero la desnutrición aguda grave debilitó sus músculos, le robó la energía necesaria para moverse y jugar, e hizo que dejara de crecer y desarrollarse.
Hoy, Usman puede caminar. Lo ha conseguido gracias a un programa piloto de estimulación temprana, integrado en el tratamiento contra la desnutrición, que hemos puesto en marcha en varios estados del noroeste de Nigeria. Este programa ayuda a tratar las consecuencias físicas y emocionales de la desnutrición en niños y niñas menores de cinco años. Incluye ejercicios guiados por fisioterapeutas pediátricos, terapia basada en el juego y formación para que las personas cuidadoras puedan seguir dando apoyo a los niños en casa.
Sin esta estimulación, muchos de ellos sufrirían daños permanentes. Para Usman, y para todos los niños y niñas que siguen este programa, es un gran paso adelante, porque les permite recuperar su autonomía y les abre nuevas oportunidades.
Otra historia que quiero presentarte es la de Madiina, una joven madre de Diinsoor, en Somalia. Tuvo que dar a luz a su primer hijo en un refugio improvisado, porque el centro de salud de la ciudad, donde ella misma había nacido, ya no estaba en funcionamiento.
El bebé nació sano, pero, diez días después, Madiina comenzó a sangrar de manera incontrolada y su vida estuvo en grave peligro. Desesperado, su marido pidió dinero prestado para conseguir un coche y la llevó hasta el Hospital Regional de Bay, a casi cinco horas de camino. Allí, nuestros equipos la atendieron de inmediato, le hicieron transfusiones de sangre y controlaron la hemorragia que amenazaba su vida. Hoy, ya de vuelta en casa, Madiina cuenta a sus familiares cómo el hospital le salvó la vida.
También quiero que conozcas a lyad y Hossam. Esta historia no comenzó en la escuela ni en su barrio, sino en la sala de fisioterapia de nuestro hospital de cirugía reconstructiva en Amán, en Jordania. Los dos han vivido experiencias traumáticas, y quizá eso es lo que los ha unido, más allá de tener la misma edad y compartir sala de hospital.
Iyad vivía en el campo de refugiados de Nuseirat, en Gaza. Mientras buscaba comida con unos amigos, resultó gravemente herido por un disparo de las fuerzas israelíes. Por su parte, Hossam tenía nueve años cuando sufrió graves quemaduras en una explosión en su ciudad natal, Samarra, en Irak, y desde entonces ha pasado por más de 20 operaciones quirúrgicas.
Ambos viajaron solos hasta Jordania y, entre sesión y sesión de fisioterapia, se han hecho inseparables. Juegan al fútbol, comen juntos y comparten su tiempo. Esos ratos les ayudan a sobrellevar el dolor, el largo tratamiento y la distancia de sus familias. Hoy son un refugio el uno para el otro.
Historias como estas son solo algunos ejemplos de lo que se puede lograr gracias a las personas comprometidas que nos apoyan. Detrás de cada historia y, en una situación tan compleja como la actual, necesitamos tu ayuda más que nunca.
Por eso, te pido que, si puedes, te unas hoy a Médicos Sin Fronteras. Con tu aportación podremos llegar a más personas y seguir compartiendo buenas noticias como estas.
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