El objetivo del plan es asistir a 4,3 millones de personas necesitadas hasta diciembre de 2022. También busca fortalecer la resiliencia ante los eventos climáticos extremos, reimpulsar la agricultura y abordar las raíces de la migración.
Cuatro décadas de guerra, catástrofes naturales recurrentes, pobreza crónica, sequía y la pandemia de COVID-19 han devastado al pueblo de Afganistán. La reciente escalada del conflicto y la agitación resultante no han hecho más que exacerbar las necesidades y complicar aún más un contexto operativo extremadamente difícil.
La pandemia de COVID-19 disminuye aún más las oportunidades educativas de las personas refugiadas y amenaza con retroceder lo que se había logrado en la materia. Hace falta un esfuerzo internacional que garantice el acceso a la educación secundaria de los niños y jóvenes refugiados.
La ONU ha pedido casi 200 millones de dólares adicionales para llevar ayuda humanitaria urgente a Afganistán. Las agencias de la ONU han presentado el plan de respuesta humanitaria para Centroamérica, que requerirá 588 millones de dólares para asistir a más de 4,3 millones de personas. Más de dos tercios de los niños refugiados no se matricularon en educación secundaria en el curso 2019-2020.
El Secretario General de la ONU insta a todos los países a incrementar sus esfuerzos por mejorar la calidad del aire y apostar por un mejor control de las fuentes de contaminación atmosférica. El titular de la ONU recuerda que gran parte de las muertes relacionadas con este fenómeno se producen en los países de ingresos bajos y medios, y en los barrios más pobres de las naciones más ricas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario