El deshielo está transformando el Himalaya, pero el peligro no procede únicamente de las montañas. Cada vez más personas, carreteras, hoteles y centrales hidroeléctricas se concentran en los valles por donde pueden descender súbitamente agua, hielo y escombros.
Miles de niños siguen sin poder regresar a clases en algunas de las zonas más golpeadas por el terremoto en Colombia, donde también operan grupos armados. Naciones Unidas advierte que esta situación puede aumentar el riesgo de reclutamiento infantil. Casi tres semanas después del sismo, más de 400.000 personas han resultado afectadas y la respuesta humanitaria cuenta por ahora con alrededor del 40% de los fondos que necesita.
Los árboles urbanos también están bajo presión. La escasez de agua y las altas temperaturas amenazan una de las principales defensas naturales de las ciudades frente al calor, además de sus beneficios para la calidad del aire y el bienestar de la población.
Mientras continúan las operaciones de búsqueda y rescate en el norte del país, las agencias humanitarias evalúan la magnitud de los daños y se preparan ante la posibilidad de nuevas riadas.
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