La guerra en la región ha sumido a la economía mundial en una nueva fase de fragilidad, frenando el crecimiento, disparando la inflación y poniendo en riesgo millones de puestos de trabajo. Los países en desarrollo, especialmente en Asia y Pacífico y los Estados Árabes, son los más expuestos a una tormenta perfecta de energía cara, alimentos escasos y migración restringida.
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