En Sudán, el transporte para ir a la clínica más cercana cuesta 2 euros. Para un jornalero en Darfur, eso equivale aproximadamente a dos días de salario.
Para muchas familias acudir al centro médico significa elegir literalmente entre pagar el desplazamiento o comprar comida.
Tras más de tres años de guerra, el sistema sanitario sudanés ya estaba al límite, pero ahora los graves recortes de financiación internacional estánobligando a cerrar centros y reducir servicios esenciales. Para la población, esto supone recorrer distancias más largas y peligrosas para recibir atención y llegar al hospital en un estado mucho más grave.
En 2021, unas 35 organizaciones humanitarias trabajaban en el campo de refugiados Um Rakuba y sus alrededores, en el estado de Gadarif. En la actualidad, quedan menos de 10. El campo acoge ahora a unas 17.000 personas, en su mayoría mujeres, niños y niñas.
"Nuestro hospital de Um Rakuba es ahora el único salvavidas que les queda tanto a los refugiados como a la comunidad sudanesa local".
"Pero los recortes aquí van mucho más allá de la atención sanitaria. Las raciones de comida se están reduciendo y los programas de protección se están desmantelando, lo que elimina las últimas redes de seguridad y deja a los refugiados completamente desprotegidos".
Fabrizio Locuratolo Responsable de Asuntos Humanitarios en MSF
Cuando una clínica cierra, las necesidades médicas no desaparecen.
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