Desde el año 2014 hay constancia de más de 29.000 muertes, aunque la cifra es probablemente mucho mayor dado las dificultades para documentar los llamados naufragios invisibles, aquellos en los que embarcaciones enteras se pierden en el mar sin que se lleve a cabo ninguna búsqueda y rescate. Los casos más difíciles de documentar son las muertes tras deportaciones.
Las olas de calor dañan la salud de los niños y actualmente 559 millones de ellos están expuestos a ese fenómeno cada vez más frecuente. Las rutas migratorias hacia y dentro de Europa han visto morir a 5684 migrantes en menos de dos años, según cifras documentadas, pero la falta de transparencia podría ocultar un número más alto de decesos. Tres sentencias de los tribunales constitucionales de Colombia, Ecuador y México son premiador por sentencias en favor de los derechos de los migrantes.
El informe de un experto de la ONU en derechos humanos señala las dificultades que los pueblos originarios tienen para ejercer sus creencias religiosas, así como la paradoja de que siendo los custodios de la naturaleza y teniendo los conocimientos para preservarla, se encuentren entre los más vulnerables a las crisis medioambientales debido a esa marginación.
Las olas de calor son especialmente nocivas para los niños, ya que poseen menor capacidad para regular su temperatura corporal en comparación con los adultos. La responsable de UNICEF emplaza a los gobiernos a limitar urgentemente el calentamiento global a 1,5 °C. “Esta es la única manera de salvar la vida y el futuro de los niños, y también el futuro del planeta”, afirma.
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