Una madre en Gaza, paciente de Médicos del Mundo, nos dijo hace unos días:
"Me asusta el regreso de la hambruna. No puedo alimentar a mis hijos ni conseguir el tratamiento que necesita mi hijo pequeño. Su vida está en peligro"
Hace ya más de dos meses que comenzó el bloqueo total a Gaza. Desde entonces, la ayuda humanitaria no entra. Y la vida, poco a poco, se apaga.
En Médicos del Mundo estamos allí, como llevamos décadas haciendo. Ahora tenemos cargamentos con medicamentos esenciales esperando para entrar. Pero no nos lo permiten.
Hoy, millones de personas viven atrapadas en ese abismo. Sin comida. Sin agua. Sin refugio. Y lo que es aún más insoportable: sin acceso a ayuda humanitaria.
En tan solo un año y medio, la desnutrición aguda en Gaza ha alcanzado niveles comparables a los de países que enfrentan crisis humanitarias prolongadas durante décadas. Y después de 18 meses de guerra, de bombardeos, de muerte y dolor, el sistema humanitario está colapsando. Literalmente.
Más de 400 trabajadores humanitarios han sido asesinados. Los hospitales ya no curan: son morgues. Mientras la hambruna se extiende, las familias viven entre ruinas. Cada día se violan las leyes de la guerra con total impunidad. Y aun así, seguimos.
Nuestro trabajo se basa en una idea sencilla: el derecho a la salud es para todas las personas, sin excepciones. Lo repetimos cada día, también ahora, cuando es más difícil.
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