Los conflictos, las crisis humanitarias y las crecientes catástrofes climáticas han provocado un aumento de los niveles de violencia contra las mujeres y las niñas, que no ha hecho más que empeorar durante la pandemia del COVID-19, poniendo de manifiesto la urgente necesidad de atajar esta lacra.
Este marco ético define valores y principios comunes que guiarán y garantizarán un desarrollo saludable de esta tecnología. Afirma que todos los individuos deberían poder acceder a sus registros de datos personales o incluso borrarlos y prohíbe explícitamente el uso de sistemas de inteligencia artificial para la calificación social y la vigilancia masiva.
Las tasas de ansiedad, depresión y estrés postraumático se han disparado en todo el continente, según un estudio reciente de la Organización Panamericana de la Salud. Además, los índices de violencia en la región triplican la media mundial antes de la pandemia. La violencia doméstica contra mujeres y niños se ha recrudecido.
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