Las condiciones sofocantes en Europa han llegado antes de lo esperado este año, pero la mala noticia es que son tan solo una muestra de lo que está por venir: olas de calor anticipadas y más sequías severas.
Aparte de la paulatina recuperación laboral, dos organismos de la ONU indican que la crisis generada por la pandemia de COVID-19 afectó de manera más significativa el empleo femenino, registrándose un retroceso equivalente a más de 18 años en los niveles de la tasa de participación de las mujeres.
En el mundo hay cerca de 37 millones de niños y niñas refugiados, migrantes o desplazados dentro de sus propios países, según la agencia para la infancia de la ONU, una cifra sin precedentes. Los conflictos prolongados y de gran magnitud, la frágil situación en algunos países, y los efectos del cambio climático son las principales causas. La agencia pide a los países mayor protección y el acceso a los servicios para estos niños.
Las personas más pobres y desfavorecidos son las que corren un mayor riesgo de padecer enfermedades mentales y las que tienen menos probabilidades de recibir servicios adecuados. Durante el primer año de la pandemia de COVID-19 la depresión y la ansiedad aumentaron más del 25%.
En colaboración con el sector público y el privado, dos agencias de la ONU ofrecen alojamiento gratuito y temporal en hoteles a mujeres, niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia.
Las olas de calor como la que vive España empiezan antes, son más frecuentes y graves debido al cambio climático. Las personas con trastornos mentales graves mueren de media de 10 a 20 años antes que la población general, dice la OMS. Los países de América Latina y el Caribe no han priorizado políticas que aborden las brechas de aprendizaje en los planes de respuesta a la pandemia, según un nuevo informe de la UNESCO y UNICEF.
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